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 Foro Anual de la Industria 2015

FORO ANUAL DE LA INDUSTRIA 2015
¡Chile cree en su Industria: ¡manos a la obra!
Lanzamiento del Consejo para el Desarrollo de la Manufactura Nacional

 

Discurso Sr. Juan Carlos Martínez Z., Presidente de Asimet

Amigas y amigos,

Les doy la más cordial y calurosa bienvenida a este quinto Foro Anual de la Industria organizado por ASIMET. Al igual que las versiones anteriores, contamos hoy con una amplia convocatoria, lo que constituye para nosotros el mejor de los estímulos.

El tema central de los foros anteriores ha sido acerca de lo deprimido que se encuentra nuestro sector hace ya bastantes años, situación a la que le hemos dado el nombre de “desindustrialización”, debido a que constatamos que no es solo nuestro sector siderúrgico y metalmecánico sino la manufactura nacional en general la que está siendo gravemente afectada.

Este año quisimos tomar medidas concretas, y adoptar una postura propositiva y proactiva al respecto, para lo cual creamos el Consejo para el Desarrollo de la Manufactura Nacional, cuyo lanzamiento se realizará precisamente en este foro. Se trata de una instancia pública privada que tendrá un carácter de permanente en el tiempo, en contraste con los ciclos de cuatro años que duran nuestros gobiernos. Recogerá las inquietudes, escollos y propuestas del sector privado para presentarlas al Gobierno a través de su Consejo Consultivo, el que ya está formado por personalidades del sector público, privado y académico, cuyos nombres conocerán en pocos momentos.

Hace algunas semanas, cuando pensaba cuál sería mi mensaje para ustedes este día, leí una columna en una revista norteamericana cuyos conceptos me hicieron abrir los ojos respecto del camino que tenemos que seguir en nuestras empresas, y de lo lejos que estamos de ello. Es que realmente tenemos que cambiar nuestra mirada de la realidad para poder no sólo subsistir, sino avanzar en modelos de éxito.

El título de este artículo ya era amenazante: “Si tu negocio no está quebrado, rómpelo, antes que alguien más lo haga”, refiriéndose a que tarde o temprano tu modelo de negocios llegará a su fin. La pregunta no es si se romperá, sino cuándo ocurrirá. Si no tomamos las medidas adecuadas nuestros modelos de negocios y productos van a ser dañados y sufrirán la destrucción total. Este fenómeno no lo podemos detener.

Estos “destructores de negocios” van a aparecer de la nada – puede ser que provengan de algún laboratorio, con técnicos sofisticados de la competencia, de alguna universidad o tal vez un emprendimiento fundado en alguna ciudad remota que nunca supimos que existía.

¿Cuál es el arma preferida del destructor? La tecnología.

La tecnología ha sido una fuerza impresionante en nuestras vidas y particularmente en los últimos 10 años. Ha creado oportunidades increíbles para algunos y ha traído devastadoras destrucciones para otros. La tecnología, tarde o temprano, va a desestabilizar a aquel negocio que no se renueve. La tecnología y la vitalidad de nuevos y más informados emprendedores van a armar una competencia disruptiva para superarlos, atacando los márgenes de sus negocios y, finalmente, quitarles los clientes.

La tecnología hizo posible que Amazon tenga casi diezmada a las librerías, y pensamos que luego va a ir tras las grandes tiendas de retail. Netflix destruyó a Blockbuster. Los dispositivos de GPS acabaron con los mapas y, a su vez, las aplicaciones de los smartphones destruyeron los dispositivos de GPS. La tecnología le ayudó a Apple a desestabilizar la industria de la música, y las aplicaciones para llamar taxis están haciendo entrar en pánico a estos servicios tradicionales.

El concepto “diferenciarse o morir”, que usábamos hasta hace tan poco, ya está muerto como un mantra o como estrategia. Ya no basta “diferenciarnos” para estar vigentes y competir. Al cliente ya no le importa cómo se es diferente, eso solo le importa a uno, el interesado.

Hoy, para ganar, tenemos que ser capaces de entregar al mercado no menos que lo notable, lo admirable, lo asombroso, lo descollante, lo distinguido, lo eminente, lo extraordinario, lo memorable, lo sobresaliente. En otras palabras, el cliente tiene que llegar a decir WOW!

Las mejoras frecuentes o reiterativas ya no bastan. No tenemos que pensar en cómo mejorar nuestro negocio, tenemos que re-imaginarlo, porque, sin lugar a dudas, otros ya lo están haciendo.

Los fundadores de Uber están cambiando la forma en que el mundo se transporta. Ellos ni se molestaron en mejorar la experiencia de tomar un taxi, en lugar de eso re-imaginaron lo que había que hacer usando la tecnología disponible. Empezaron con aquel penoso lugar en que todos nosotros ya hemos estado; parado al borde de una cuneta esperando que pase un taxi y que además esté desocupado. Imaginaron cómo la tecnología del celular podía resolver este problema, permitiendo que uno pudiera llamar un móvil en cualquier momento, en cualquier lugar, a cualquier hora, casi instantáneamente. Lo hicieron posible y con esto industrias completas están siendo transformadas o simplemente destruidas.

Hay que dejar en claro y entender que la tecnología no es el “arma mortal” del destructor. Es el uso que se le da a la tecnología, para entregar lo sobresaliente, para satisfacer las necesidades y deseos de los clientes. Los destructores y los desestabilizadores de nuestros negocios van a ser aquellos que se apalancan con la tecnología para crear sobresalientes y disruptivas soluciones para los problemas o deseos de sus clientes, mejores que lo que nosotros hoy podemos ofrecerles. Salvo que nosotros lo hagamos antes.

Mercados completos pueden desaparecer con una sola innovación. Especialmente la manufactura debe adoptar un nuevo enfoque hacia los negocios. Pensar en lo que nadie piensa acerca de aquello que todos ven, a través de la innovación y la re-imaginación.

El problema de algunos líderes es que para ellos la aversión al riesgo es más poderosa. Están preocupados de mantener el estatus y la pega, por lo que prefieren quedarse en la zona más cómoda y no hacer nada, seguir con más de lo mismo y negarse al cambio.

Sabemos que el líder empresarial chileno, especialmente en la pequeña y mediana empresa, es generalmente un propietario emprendedor, que asume el riesgo para seguir adelante con su negocio, ya sea porque ve una oportunidad en ello o por necesidad. Ha soportado varias crisis, desastres naturales, y aún lo vemos batallando cada día demostrando una resiliencia increíble, demostrando ingenio y creatividad para satisfacer las necesidades de sus clientes y así poder subsistir.

Más adelante en este foro tendrán la oportunidad de escuchar testimonios de empresas que están innovando y han captado que hay una oportunidad de seguir creciendo en este proceso de adaptar o cambiar su modelo de negocio, para mejor atender las necesidades de sus clientes.

Sin embargo, y a pesar de estos testimonios que quisiéramos que se multiplicaran varias veces, en nuestro sector al menos, hace ya algún tiempo estamos verificando que se ha ido perdiendo terreno en la aplicación de esta virtud o característica de nuestro líder empresarial, ese espíritu emprendedor de fabricar en Chile y, abrumados por la ola importadora de productos más baratos, están prefiriendo importar a precios atractivos con el objeto de poder subsistir en el mercado, con el negativo resultado de desvincular personas de alta capacidad técnica, con buenas destrezas y que tenían contratos de empleo de calidad.

Ese empresario está decepcionado con la manufactura nacional que cada día pierde terreno frente a las importaciones, y cree que ello es parte de una evolución natural, porque no hay ventajas comparativas o porque somos un mercado pequeño.

El ser humano por naturaleza funciona con incentivos. Necesitamos incentivar la inversión tanto local como extranjera en proyectos de manufactura. Para ello es necesario solucionar los escollos que enfrenta la manufactura, que se “nivele la cancha” y se enfrenten las causas de pérdida de competitividad. Es decir, todo aquello que está llevando a los productores nacionales a fabricar más caro que sus competidores internacionales, siendo las principales áreas a considerar el capital humano, el costo de la energía, la infraestructura, la productividad y la innovación.

Aceptamos el hecho que una empresa que se torna menos productiva y que no quiere cambiar es probable que sea forzada a salir del mercado, es parte del proceso natural de cambio y son las reglas del capitalismo.

Nuestro propósito es incentivar a aquellas empresas que no están obsoletas y que, además, muestran eficiencias y han tenido éxito en reducir costos para conseguir mayor productividad, pero que se están viendo enfrentadas a situaciones que están fuera de su control, que hacen que pierdan competitividad con respecto a la oferta del exterior.

No estamos por el modelo de política industrial del siglo pasado, queremos una política de desarrollo productivo, que pavimente el camino para conseguir mayores productividades, eliminando los escollos que están fuera del control de esas empresas y que el Estado puede y debe solucionar. Lejos de aplicar subsidios o impuestos que se supone corregirían las ineficiencias que produce el mercado, creemos en la colaboración estratégica entre el sector privado y el público, con el propósito de descubrir dónde se encuentran los “cuellos de botella” más importantes, y que tipo de intervenciones son las más efectivas para removerlos.

En los últimos 20 años nuestro sector manufacturero ha venido bajando sin cesar su participación en el PIB y el empleo del país. El año 1996 la industria manufacturera representó un 17% del PIB y un 16% del empleo total, mientras que al año pasado estaba reducida a un 11% del PIB y el mismo porcentaje para el empleo.

La disminución en importancia del sector manufacturero se ha compensado con el crecimiento de otros sectores, cada uno con su aporte importante al desarrollo del país. Sin embargo, insistimos que la industria manufacturera tiene una serie de características que contribuyen de manera importante al crecimiento económico de todos los chilenos.

Entre estas cualidades se encuentran:

  • La presencia importante de la industria manufacturera a lo largo de todas las regiones del país.

  • La creación de empleos de calidad: formales, estables y con remuneraciones por sobre el promedio nacional.

  • El desarrollo tecnológico y la mayor tendencia a innovar e invertir en I+D.

  • La transversalidad del sector manufacturero: su carácter de productor de insumos y bienes intermedios le entrega la capacidad de influir en todos los sectores de la economía.

  • El aporte a la diversificación productiva y a la menor volatilidad del PIB nacional.

A pesar de esta relevancia, no existe en Chile una institucionalidad pública que se dedique de manera especial a coordinar la relación entre el Estado y las necesidades de este sector, como si, en cambio, lo tienen la minería, el agro, la pesca y el turismo, por nombrar algunos. Es por ello que pensamos que contar con un canal de comunicación específico a la industria manufacturera, rol que pretende asumir el Consejo para el Desarrollo de la Manufactura Nacional, es un gran avance en relación a dar mayor viabilidad a todas las inquietudes de manera fluida y permanente.

Entre los objetivos de este Consejo consideramos que los más relevantes son:

  • Facilitar la comunicación permanente entre la industria manufacturera y el Gobierno.

  • Asesorar al Ministro de Economía sobre los programas públicos que afectan al sector y sobre los desafíos que enfrenta en materia de competitividad. Identificar los problemas de ambos temas y proponer soluciones.

  • Facilitar la atracción e instalación de inversión nacional y extranjera en manufacturas.

Tenemos que pensar que Chile es:

  • Una potencia agro-alimentaria y forestal relevante.

  • El principal productor de cobre en el mundo.

  • Con una extensa costa de más de 6000 kilómetros al Océano Pacifico, el mayor océano del planeta cuyas costas enfrentan a más de 50 países de la mayor relevancia económica.

Con estas tres importantes características en mente, y considerando siempre los conceptos de innovación y re imaginación a los que me referí al inicio, deberíamos procurar ser proveedores de soluciones a nuestras grandes industrias, entregando productos de calidad, de un alto valor agregado y exportables.

Para lograr este objetivo se deben crear políticas que incentiven la compra nacional de soluciones verdaderamente competitivas a través de mecanismos de comunicación y colaboración. Estas compras locales significarían en primer lugar más empleo de calidad, promoviendo el desarrollo de destrezas y transferencia tecnológica, reforzando el vínculo económico local e internacional y logrando así una mayor formalización de la economía local mediante la aplicación de “compliances”, entre otros estándares.

Estamos conscientes que el camino será tan largo como difícil, por lo mismo, no creemos conveniente establecer indicadores como metas específicas a alcanzar, pues ellas irán surgiendo con el aporte de todos los involucrados en este Consejo. Sin embargo, pensamos que el sueño que tenemos que convertir en realidad es lograr en 15 años al menos el mismo 15% de participación en el PIB que caracteriza a los países desarrollados. Nuestro anhelo es de largo alcance, y trabajaremos en el diseño de una industria manufacturera de nivel mundial para el quinquenio 2025/2030.

Es verdaderamente estimulante constatar el amplio apoyo que ha recibido nuestra iniciativa, y esperamos sinceramente que, a través de este esfuerzo, Chile logre contar con una industria manufacturera transformadora, que agregue valor y se convierta en uno de los motores importantes del país desarrollado que buscamos ser.

Esperamos contar con la valiosa contribución de todos ustedes en esta desafiante iniciativa, que como ASIMET no dudamos de calificarla como histórica y que además cuenta con el incondicional apoyo de la Sociedad de Fomento Fabril.

Muchas gracias

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