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 Foro Anual de la Industria 2012

FORO ANUAL DE LA INDUSTRIA 2012
"Hecho en Chile: por una nueva Revolución Industrial"

 

Discurso Sr. Ernesto Escobar, Presidente de Asimet

En nombre de Asimet, les doy la más cordial bienvenida a nuestro Foro Anual de la Industria 2012, que durante ya 13 años organizamos con el único fin de ofrecer la oportunidad para generar un debate enriquecedor en torno a temas que son de interés particular para el sector. Hoy queremos proponer un gran tema: cómo crear en Chile las condiciones para el resurgimiento de una industria manufacturera que sea propia del país desarrollado que todos aspiramos.

Quisiera, en primer lugar y en nombre de nuestro Directorio y todos los asociados, agradecer a la Ministra del Trabajo, señora Evelyn Matthei, quien, en representación de Su Excelencia el Presidente de la República, nos acompaña esta mañana. Durante su gestión, la ministra Matthei ha tenido una especial deferencia e interés por los temas que forman la agenda de nuestro gremio, motivo por el cual nos sentimos especialmente complacidos de su presencia en este acto inaugural.

También deseo extender mi agradecimiento a nuestro invitado internacional, el destacado economista venezolano y director del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann, y a los académicos, autoridades y empresarios que participarán en los dos paneles que se desarrollarán durante este foro, y que de seguro contribuirán con sus distintas visiones a la generación de un debate de alto interés para todos.

Quiero reafirmar esta mañana nuestro compromiso con los cuatro vectores que han guiado el actuar de este gremio en los últimos años, estos son: impulsar el desarrollo de una industria manufacturera nacional de clase mundial, capaz de participar con éxito en los mercados internacionales, agregar valor y generar empleos de calidad y estables; hacer operativos los mecanismos administrativos disponibles para contener la competencia desleal que corroe la estabilidad de nuestras empresas y desalienta nuevos emprendimientos; promover el comportamiento ético y las buenas prácticas de gestión y apoyar la formación de capital humano, tan necesario para el éxito de cualquier emprendimiento, como así también para responder a las justas aspiraciones de progreso de nuestra juventud. En este entorno, el tema central del Foro cobra pleno sentido.

Un estudio reciente de nuestro invitado Ricardo Hausmann, que incluye a 128 economías mundiales, señala que dentro de América Latina, Brasil, México, Paraguay y Colombia aparecen como los países que más han aumentado la complejidad de sus industrias entre 1964 y 2008. Al otro extremo aparecen Chile y Venezuela, con canastas exportadoras cada vez más concentradas en commodities.

¿Queremos seguir siendo un país que basa su economía sólo en la exportación de sus recursos naturales, con una alta exposición a los ciclos que afectan a estos mercados? ¿Por qué no hemos logrado sentar las bases para transformarnos en un país industrial más diversificado? El Estado chileno, ¿ha sentido que no le corresponde impulsar el crecimiento y desarrollo de la industria manufacturera en Chile? ¿Qué tipo de industria necesitamos para alcanzar el desarrollo? ¿Basta con seguir produciendo “más de lo mismo”, o es necesario dar un salto cuántico hacia una base industrial más sofisticada, compleja e innovadora? ¿Qué rol le cabe en este escenario a los gremios sectoriales y sus empresarios?

Esperamos que al final de esta jornada: Hecho en Chile: por una nueva Revolución Industrial, logremos haber dado respuestas a la mayoría de éstas y otras interrogantes. Nuestra invitación es a que abordemos este debate con un enfoque de largo plazo, en procura de construir una visión estratégica de país en la cual creamos firmemente y estemos dispuestos a impulsarla con decisión. Existe un creciente consenso acerca de que para tener éxito en la era de la globalización, los fundamentos de estabilidad macroeconómica, si bien son una condición necesaria, no son suficientes para alcanzar el desarrollo de los países.

Indispensable nos parece la construcción de una alianza público – privada, operativa y eficiente, que se organice para proponer la formulación de estrategias sectoriales, construidas sobre la base de diagnósticos objetivos, donde se identifiquen las oportunidades con gran potencial, que, de ser necesario, promuevan la llegada del conocimiento, la tecnología y capitales extranjeros para que, en un escenario ideal, establezcan alianzas con emprendedores locales y proyecten estas iniciativas hacia los mercados globales. A la vez, se debe trabajar en el levantamiento de las ineficiencias que perjudican o inhiben el desarrollo y progreso de la actividad productiva de cada sector, de modo de implementar los ajustes requeridos. Un buen ejemplo de ello ha sido la agenda de impulso competitivo, que con sus 50 + 10 medidas apuntó a resolver trabas que entorpecen la competitividad y la eficiencia de la actividad productiva, pero en forma transversal.

Nuestra propuesta de crear una subsecretaría de la Industria, real o virtual, apunta precisamente a este objetivo, contar con un canal de interlocución público - privado que, en forma preferente y con sentido de urgencia, se aboque a trabajar con representantes de los distintos sectores productivos en procura de sentar las bases para el desarrollo de una visión compartida y consensuada que permita avanzar hacia un objetivo común. Buenos ejemplos de este trabajo conjunto se dan en Australia, Nueva Zelanda, Canadá o Estados Unidos, donde los Consejos de Manufacturas analizan las condiciones necesarias para impulsar la competitividad y el desarrollo de las industrias de cada sector.

No estamos abogando aquí por viejas prácticas de protección industrial. Valoramos la libertad de emprender y la apertura de los mercados. Queremos plantear una nueva manera de pensar una “política industrial” para Chile, construir una visión proactiva, donde los gremios y empresarios tenemos un importante rol que cumplir, contribuyendo a identificar oportunidades, promoviendo el conocimiento de nuevos mercados y colaborando en la atracción de inversiones que permitan dar ese salto hacia adelante que provocará la verdadera revolución industrial que proponemos. La discusión en materia de política industrial no debiera ser si ella es o no consistente con el modelo de economía de mercado que nos rige, sino cómo hacerlo de la mejor manera sin vulnerar las bases esenciales de dicho modelo que todos compartimos.

No podemos desaprovechar las oportunidades que ofrece la bonanza actual de las materias primas para revertir el proceso de desindustrialización que ha afectado a Chile durante los últimos 20 años. Estamos convencidos que un país desarrollado sólo se puede concebir con una industria a su vez desarrollada, sofisticada, variada y competitiva a escala internacional.

Pero debemos ser realistas, junto con abordar estos temas de gran proyección futura, tenemos que hacernos cargo de la contingencia que presenta grandes y urgentes requerimientos que deben ser resueltos con igual sentido de país, ya que constituyen barreras que pueden hacer inconducentes cualquier esfuerzo para tener una industria de clase mundial.

En primerísimo lugar, el alto precio que debemos pagar por la energía eléctrica y la creciente incertidumbre sobre la disponibilidad futura de este insumo vital para todo proceso de transformación manufacturero. Chile deberá casi duplicar su capacidad de generación eléctrica actual para el año 2020 si queremos asegurar el suministro del país desarrollado a que aspiramos. Sin embargo, se ha hecho recurrente que los distintos proyectos de generación, cualquiera sea su fuente de energía, se vean trabados en largos procesos de aprobación ambiental, judicialización y una organizada oposición de las comunidades.

La disponibilidad de energía del país no puede estar expuesta a estas interminables y desgastadoras disputas. Casos como Barrancones, HidroAysén, Castilla y, recientemente, Punta Alcalde dan cuenta de la urgencia en lograr un consenso global en torno al tema. Insistimos en que este no es un problema sectorial, se trata de un tema país, claramente aún no resuelto, donde están involucrados todos los ámbitos del quehacer nacional, tanto económicos, como políticos y sociales. Hoy ya pagamos el precio más alto en América Latina por este suministro, lo que obviamente le resta competitividad a toda nuestra industria productiva y desincentiva cualquier proyecto de inversión industrial.

Se agrega a lo anterior lo tantas veces debatido, pero aún no resuelto, en torno a la necesaria flexibilidad que debe imperar en el vínculo laboral entre la empresa y sus trabajadores. Nuestro gremio ha sido un ferviente promotor de iniciativas que se basan en el valor de la confianza para construir relaciones laborales modernas, en oposición a posturas atávicas que impiden avanzar e hipotecan la capacidad de competir de nuestras empresas en un mercado globalizado, cada vez más ávido de copar al ineficiente. Esta materia requiere de un consenso que a veces se ha vislumbrado pero que ha terminado fracasando ante las posiciones doctrinarias de sectores que no parecen entender que el estancamiento perjudica a todos.

No puedo terminar esta enumeración sin hacer mención a lo nocivo que resulta para el entorno de negocios el dilatado debate tributario actualmente en curso. La claridad y estabilidad en materia tributaria constituyen otra condición fundamental para promover la inversión, y la creación de nuevos puestos de trabajo. Este principio se resiente al recurrirse en forma periódica, y por variadas razones, a la instancia de gravar a las empresas con mayores tasas. Inevitablemente, de ser aprobada esta iniciativa legal, la industria manufacturera, en particular la mediana y pequeña, cambiará ingresos destinados a crecimiento productivo por pagar mayores tributos. Estamos convencidos que una economía sana, que crece en forma sostenida, genera la recaudación necesaria para abordar las necesidades vinculadas con la reforma educacional propuesta.

Constituye el segundo vector de nuestra acción gremial el contener la competencia desleal. Hemos avanzado al menos en instalar el tema en la agenda del Ministerio de Economía, pero no vemos progreso, por ejemplo, en la discusión sobre el rol que debe cumplir la Comisión de Distorsiones de Precio. Las distorsiones existen, son reales, están condenadas por la OMC, y hemos suscrito los mecanismos aceptados internacionalmente para corregirlas, pero, en nuestro país, la institucionalidad existente para este fin no está disponible, en particular, para el pequeño y mediano empresario.

Asimet, a través de sus instituciones, está profundamente comprometida con la educación técnico profesional de calidad, la capacitación laboral y la certificación de competencias. Comprendemos el valor que tiene para la sociedad y su desarrollo el contar con un proceso de educación y formación profesional de excelencia.

Una industria de nueva generación requiere de un modelo que fomente una educación también de clase mundial, la que debe iniciarse desde la formación primaria para luego derivar en el desarrollo integral de la persona según sus capacidades, pero también, de acuerdo a las necesidades que la industria requiere. Hoy, en nuestro sector manufacturero metalúrgico metalmecánico, nos encontramos frente a la realidad que no existen especialistas para algunos rubros, lo que ha obligado a empresas a instalar sus propias escuelas. La formación del capital humano necesariamente se debe realizar en coordinación con las empresas, universidades, centros de investigación y desarrollo, con programas alineados con las necesidades reales de los sectores productivos. Ella debe estar orientada, además, a la formación de competencias certificables, que promueva la seguridad y salud ocupacional, y facilite la plena incorporación de la mujer al mundo del trabajo.

En Chile tenemos la obligación de hacer un esfuerzo que reúna a lo mejor de nuestras capacidades directivas, académicas, empresariales y de sus organizaciones de base para enfrentar estos problemas que erosionan la esencia de nuestra actividad productiva. Compartimos la visión que las economías fortalecen su crecimiento por la vía de la búsqueda permanente de incrementar el valor a los productos que elaboran y exportan. La producción de bienes más sofisticados impulsa la creación de redes complejas de interrelación entre los distintos actores del mercado. En la habilidad de los países para impulsar plataformas productivas, basadas en encadenamientos surgidos a partir de las fortalezas que tienen disponibles, radica precisamente la clave del éxito. Se crea así un círculo virtuoso que atraviesa toda la economía, demandando mejor infraestructura, incrementando el uso de tecnología, estimulando la innovación, exigiendo instituciones públicas eficientes, promoviendo la formación de capital humano de excelencia y el acceso a recursos financieros en condiciones competitivas.

Creo firmemente que en Chile tenemos la capacidad para aspirar a dar un salto importante en el reposicionamiento de nuestra industria manufacturera.

Este es el momento para generar un nuevo consenso. Los empresarios reunidos aquí esta mañana creemos que este cambio es posible. Estamos seguros que Chile puede lograr un crecimiento económico sostenible en el largo plazo, estimulado por un sector industrial de clase mundial.

Hagamos una nueva Revolución Industrial en Chile. Trabajemos para que el desarrollo deje de ser una promesa repetida hasta el cansancio. Hagámoslo realidad hoy, para que mañana nuestros hijos y nietos puedan decir con orgullo que el mejor legado de sus padres fue que tuvieron la voluntad, la valentía y el arrojo de sentar las bases para construir el Chile en que creían.

Muchas gracias.

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